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Paisaje colombiano vibrante con símbolos culturales y naturaleza representativa.

Consejeros tóxicos en propiedad horizontal: cómo identificarlos y actuar

julio 25, 2026

Aprenda a detectar a los miembros del consejo que priorizan intereses particulares y protegen la estabilidad de su copropiedad.

La convivencia en propiedad horizontal exige transparencia y compromiso ético por parte de quienes integran el consejo de administración. Sin embargo, no es raro encontrar miembros del consejo cuya gestión se desvía hacia el beneficio personal, afectando la armonía y las finanzas del conjunto [1]. Identificar estas conductas a tiempo es vital para evitar el deterioro de la administración [2].

Señales de alerta de comportamientos egoístas

Señales de alerta de comportamientos egoístas

La instrumentalización del cargo para beneficio particular

El comportamiento de un consejero tóxico suele manifestarse cuando este confunde la representación de la copropiedad con la potestad de obtener prebendas personales. Una de las señales más claras es el uso del poder delegado para solicitar favores ajenos a la gestión del edificio, tales como encomiendas al personal de seguridad, uso de herramientas de mantenimiento para reparaciones domésticas o la exigencia de que los empleados atiendan sus requerimientos personales durante su jornada laboral. Esta conducta no solo distrae a los trabajadores de sus funciones esenciales, sino que impone una carga administrativa y operativa innecesaria que erosiona la eficiencia del conjunto residencial.

Cuando un consejero intenta presionar al administrador para obtener beneficios indebidos, está rompiendo el equilibrio necesario para una convivencia sana. Estas demandas pueden ir desde la exoneración de multas, la asignación prioritaria de parqueaderos para visitantes o la reserva exclusiva de zonas comunes para eventos privados, saltándose los protocolos establecidos en el manual de convivencia. Este tipo de acciones fragmentan la autoridad del administrador, quien se ve presionado a elegir entre cumplir el reglamento o ceder ante la coacción de un miembro de la junta. Para comprender mejor la ética requerida en estos cargos, es útil revisar la normativa vigente sobre propiedad horizontal, que establece límites claros sobre las funciones y deberes de los consejeros.

El desequilibrio en las inversiones y mantenimientos

Otra conducta recurrente es el interés desmedido por priorizar las obras de mantenimiento exclusivamente en su torre o piso. Este comportamiento es particularmente dañino porque envía un mensaje de favoritismo que fractura la confianza de los demás residentes hacia el consejo. Cuando las decisiones presupuestales se ven sesgadas por el deseo de valorizar un activo específico en detrimento de las áreas comunes generales, el administrador pierde su capacidad de gestión objetiva. El impacto en la equidad de la copropiedad es devastador: los copropietarios perciben que los recursos comunes, que provienen de las cuotas de administración de todos, están siendo desviados para el beneficio de unos pocos, lo que inevitablemente genera morosidad y descontento generalizado.

Para identificar si el consejo está operando con criterios de equidad, es fundamental observar cómo se priorizan las inversiones según el nivel de urgencia técnica y no por caprichos personales. Cuando las decisiones de inversión parecen “a medida”, se desvirtúa el propósito del cargo:

  • Desviación de presupuesto hacia reparaciones cosméticas en plantas específicas.
  • Uso de los espacios comunes bajo condiciones preferenciales no disponibles para el resto.
  • Presión constante sobre el personal de aseo o vigilancia para atender necesidades privadas.
  • Interferencia directa en las funciones administrativas para evitar sanciones propias.
  • Creación de excepciones reglamentarias que solo aplican para los miembros del consejo.

El impacto en la cultura de convivencia y equidad

La presencia de consejeros que actúan bajo una lógica de privilegios destruye el tejido social de la propiedad horizontal. Cuando los demás residentes observan que las reglas no se aplican por igual, el cumplimiento de las normas disminuye, ya que se percibe una injusticia intrínseca en el sistema. La equidad es el pilar fundamental que sostiene la gestión de los activos compartidos; sin ella, la administración se convierte en una herramienta de disputa en lugar de un servicio comunitario.

El riesgo de permitir estas conductas es que se normalice la corrupción interna y se fomente un entorno de desconfianza. Un consejero que se considera “dueño” del edificio en lugar de un servidor de la comunidad genera un clima de tensión constante que afecta la valorización de toda la copropiedad. Por ello, es imperativo que el resto de los miembros del consejo y la asamblea general mantengan un control estricto, cuestionando las solicitudes que se apartan del beneficio colectivo y exigiendo transparencia absoluta en la ejecución de los recursos destinados al mantenimiento general.

Consejeros tóxicos en propiedad horizontal: cómo identificarlos y actuar

Estrategias para limitar el abuso de poder

Estrategias para limitar el abuso de poder

Mecanismos de transparencia y control financiero

El control riguroso de la información es la herramienta más efectiva para neutralizar a los consejeros que operan bajo intereses personales. La exigencia de actas transparentes no es una sugerencia, sino un derecho fundamental; cada decisión, votación y debate debe quedar registrado con precisión, evitando que los acuerdos se tomen en círculos cerrados o mediante negociaciones informales. Si las actas son vagas o incompletas, se pierde la trazabilidad de la gestión, dejando la puerta abierta a la arbitrariedad.

Asimismo, es imperativo revisar la ejecución presupuestal con lupa. Los consejeros con agendas propias suelen utilizar tecnicismos financieros para ocultar desvíos o priorizar gastos que benefician a su entorno cercano en lugar de atender las necesidades de la comunidad. Exigir soportes, facturas y cuadros comparativos de costos permite detectar inconsistencias antes de que se conviertan en pérdidas irreparables. Al fiscalizar cada centavo, se envía un mensaje claro: la administración de los recursos es un ejercicio de rendición de cuentas, no un beneficio personal.

Estructura operativa y normativa interna

Para prevenir la consolidación de camarillas o intereses enquistados, la rotación de cargos es fundamental. Cuando una persona permanece demasiado tiempo en una posición de poder, tiende a confundir el rol institucional con su autoridad propia, generando feudos que bloquean la participación democrática. Implementar políticas de relevo periódico garantiza que los procesos se mantengan frescos y, sobre todo, que ningún individuo acumule el control suficiente para manipular los flujos de información o las decisiones clave.

Por otro lado, el manual de convivencia debe utilizarse como un escudo protector ante los abusos. Este documento no es una simple formalidad, sino el marco jurídico que establece las reglas del juego. Cuando un consejero intenta saltarse los procedimientos o vulnerar los derechos de los integrantes, el manual debe ser invocado de inmediato para sancionar la conducta y restaurar el orden. Si desea profundizar en cómo gestionar la gobernanza interna frente a comportamientos disruptivos, puede consultar la guía sobre mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.

Para blindar la gestión contra los consejeros tóxicos, aplique las siguientes acciones:

  • Solicitar la lectura pública y firma detallada de cada acta antes de su aprobación final.
  • Establecer comités de auditoría ciudadana para verificar los gastos operativos de manera trimestral.
  • Limitar la reelección consecutiva en los cargos directivos para fomentar la alternancia.
  • Citar el manual de convivencia ante cualquier irregularidad para invalidar decisiones tomadas sin quórum o sin el debido proceso.
  • Publicar en carteleras o medios digitales los estados financieros mensuales para consulta de todos los interesados.

La asamblea como autoridad máxima

La asamblea representa el máximo ente fiscalizador dentro de la estructura de poder. Ninguna decisión tomada por un consejero, por influyente que se crea, tiene mayor peso que la voluntad colectiva expresada en este espacio. La asamblea tiene la facultad inalienable de pedir cuentas, revocar nombramientos si los procedimientos lo permiten y vetar proyectos que no demuestren un beneficio claro para el interés común. Es aquí donde el abuso de poder encuentra su freno más contundente, pues la presión del grupo suele desmoronar las pretensiones de quienes intentan actuar en la sombra.

No subestime el valor de la vigilancia colectiva. La pasividad es el combustible que alimenta a los consejeros que solo piensan en su bien personal. Al transformar la asamblea de un órgano informativo a uno deliberativo y crítico, se rescata la institución de manos de quienes pretenden manipularla. Ejercer este rol fiscalizador no es un acto de rebeldía, sino una responsabilidad ciudadana indispensable para asegurar la supervivencia y la integridad de la organización a largo plazo.

Consejeros tóxicos en propiedad horizontal: cómo identificarlos y actuar

Marco legal y mecanismos de remoción

Marco legal y mecanismos de remoción

La Ley 675 de 2001, que regula el régimen de propiedad horizontal en Colombia, establece que los consejeros actúan como representantes de los intereses comunes. Cuando un integrante del consejo prioriza su beneficio personal sobre el bienestar de la copropiedad, se configura una violación a los deberes fiduciarios y legales. La remoción no es un acto arbitrario, sino un procedimiento reglado que requiere el estricto cumplimiento de las normas de convivencia y del reglamento interno de la propiedad horizontal.

Recolección de pruebas y sustento probatorio

Antes de emprender cualquier acción, es indispensable documentar el incumplimiento del consejero. Los testimonios verbales no son suficientes en un proceso de destitución; se requiere evidencia tangible que respalde la falta de ética o el abuso de funciones. Esta base documental es la única defensa de la asamblea ante posibles demandas por perjuicios o vulneración al debido proceso por parte del afectado.

Para formalizar la falta, debe recopilar elementos como:

  • Actas de consejos anteriores donde consten decisiones contrarias a la ley o al reglamento.
  • Correos electrónicos, chats o comunicaciones formales donde el consejero solicite prebendas o beneficios personales.
  • Informes detallados del administrador que evidencien obstrucción en la gestión de proyectos comunes.
  • Registros de votaciones en los que el consejero haya incurrido en conflictos de interés no declarados.
  • Cartas de reclamación suscritas por otros copropietarios afectados por las decisiones cuestionables.

Citación a asamblea extraordinaria

La destitución de un miembro del consejo no puede ser decidida unilateralmente por el administrador ni por un pequeño grupo de propietarios. La Ley 675 de 2001 exige que esta decisión provenga del órgano máximo de administración: la asamblea general. Por lo tanto, el primer paso legal es convocar a una asamblea extraordinaria con el único propósito de discutir la permanencia del consejero.

Para que la convocatoria sea válida, debe cumplir con los tiempos y formas establecidos en el reglamento de propiedad horizontal y en el artículo 39 de la Ley 675. La citación debe ser enviada a todos los copropietarios con antelación, incluyendo en el orden del día el punto específico sobre la “Remoción de integrantes del consejo”. Si este punto no se incluye formalmente en el acta de convocatoria, cualquier decisión tomada al respecto carecerá de validez jurídica y podría ser impugnada. Puedes consultar más detalles sobre las facultades de la asamblea en el sitio oficial de la Secretaría Jurídica Distrital de Bogotá para verificar los procedimientos locales.

Proceso de votación y quórum decisorio

Una vez instalada la asamblea extraordinaria, se debe garantizar el derecho a la defensa del consejero acusado, permitiéndole exponer sus descargos. Tras esta etapa, se procede a la votación para determinar si el consejero debe dejar su cargo. La decisión se toma mediante el voto de los propietarios presentes o representados, cumpliendo con los coeficientes de copropiedad estipulados en el reglamento.

El quórum decisorio requiere, por regla general, la mayoría simple de los coeficientes representados en la reunión, salvo que el reglamento de la propiedad horizontal exija una mayoría calificada superior. Es vital que el escrutinio sea transparente y que el resultado quede consignado de manera detallada en el acta de la asamblea. Una vez aprobada la remoción, el acta debe ser firmada por el presidente y el secretario de la asamblea, y comunicada oficialmente al interesado. Este proceso, si se realiza respetando los lineamientos legales, protege a la copropiedad de futuras acciones legales por parte del consejero destituido y restaura la integridad de la administración del edificio o conjunto.

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